La mayor fuerza emana del interior de las personas

La mayor fuerza surge del interior de las personas. No tiene nada que ver con nuestra posición social ni con tener dinero o fama. Surge de la autoconfianza, de la seguridad que nos da haber vencido al miedo. Cuando dejamos de temer al rechazo podemos ser fuertes, poderosos en un sentido profundo y duradero.

No existe el fracaso. Equivocarnos es una forma de aprender, un paso más en el aprendizaje que es la vida. Sin embargo, muchas personas no se atreven a luchar por su felicidad, a romper con los prejuicios sociales. Siguen al lado de personas tóxicas porque no se atreven a ser libres. Prefieren la mediocridad de lo conocido al abismo de lo desconocido. Nos aferramos a falsas seguridades. No aceptamos que todo es cambio, transformación y que nada es seguro excepto la muerte.

No tomamos el timón de nuestra vida, sino que dejamos que la corriente nos lleve sin saber hacia dónde queremos ir. Esperamos que las cosas maravillosas pasen sin hacer nada para que lleguen. La valentía que surge de esa fuerza nos da el poder sobre nuestro destino. Es algo intangible, pero que se percibe perfectamente. Es una energía especial que irradia del interior y que hace que los demás quieran estar cerca de quien la posee.

Hay que reírse del miedo, mirarle a la cara y darse cuenta de que solo es un obstáculo que nos impide crecer como personas. No debemos fijar nuestra atención siempre en los otros, sino mirar en nuestro interior. Allí es donde está esa fuerza interior de la que hablo. Todos la poseemos aunque la mayoría la ignore. Si logramos tenerla entonces estamos en el buen camino para conseguir una felicidad verdadera.


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