No dejemos que los males del ayer enturbien la belleza del ahora

Este momento en el que estás leyendo estas líneas es todo el tiempo que existe. El pasado es recuerdo, el futuro es una proyección de la mente.

Vivimos en un mundo brutal, lleno de dolor y sufrimiento. Muchas personas son excluidas de la sociedad, condenadas a una vida oscura y vacía. Sin embargo, la mayoría de nuestros padecimientos no son solo por la falta de bienes materiales, sino que se deben a un profundo sufrimiento interior. Es nuestra mente la que padece, no solo el cuerpo. La mayor riqueza es tener una vida interior sana y ordenada. Eso es algo que no tiene precio.

Una de las causas principales de ese dolor es la incapacidad para superar los males del pasado. Y esas heridas abiertas del ayer siguen sangrando en el presente. Son un obstáculo insalvable que se interpone entre nosotros y la felicidad. La memoria es algo necesario. No obstante, hay que dejar que la vida fluya.

Superar lo vivido no es lo mismo que olvidar. No debemos esconder el mal en un rincón de nuestra mente. Lo que hay que hacer es enfrentarse a él, analizarlo, comprender lo que nos aflige y seguir el camino. No es fácil hacerlo. Permitimos que los malos recuerdos enturbien nuestra vida. Muchos son incapaces de hacer algo valioso porque viejas heridas les impiden desarrollarse plenamente como personas.

Vivimos en un eterno presente y debemos intentar que cada instante sea valioso. No dejemos que los males del ayer enturbien la belleza del ahora.


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