Somos razón y también emoción

Durante siglos se ha considerado que la inteligencia era algo que se refería sobre todo a la memoria, a la capacidad lógica de razonamiento y a las habilidades lingüísticas. Uno de los grandes avances de la psicología en las últimas décadas es haber definido otros tipos de inteligencia.

Es un error pensar que el ser humano es un animal racional. Somos razón y también emoción. Muchas veces las decisiones que tomamos a diario no están guiadas por la lógica, sino por nuestros sentimientos. Tendemos a estar de acuerdo con aquellos que nos provocan emociones positivas y rechazamos las ideas de las personas que no nos hacen sentir bien. Nuestros juicios no suelen ser objetivos, sino que son un reflejo de lo que sentimos. La razón se pone al servicio de la emoción, no al revés.

Individuos dotados intelectualmente y con gran capacidad de trabajo fracasan en la vida porque son incapaces de tener relaciones positivas con los que les rodean. Es imposible ser feliz si no nos sentimos queridos, si no tenemos un núcleo familiar y afectivo que nos proteja. Aquellos que dominan el discurso de los sentimientos y son capaces de empatizar y conectar con los demás pueden tener más éxito social y personal que alguien que es un gran matemático, pero una persona gris e introvertida.

Entender nuestras propias emociones y las de los que nos rodean es vital para tener una vida afectiva sana que nos haga sentir bien y crecer como personas. No somos nada sin los otros y lo que somos se refleja en nuestras relaciones con los demás. Los seres humanos necesitamos vivir en sociedad, sentirnos útiles y queridos para desplegar todo nuestro potencial. Cuando comprendemos el poder de la inteligencia emocional podemos cambiar nuestra vida radicalmente y ser mejores personas.

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