roberto augusto

Roberto Augusto (1978) es escritor. Licenciado (2001) y doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona (2006). Ha escrito en varios periódicos y revistas digitales. Fundador de Letra minúscula. Ha sido entrevistado en Estados Unidos, Argentina, México, Venezuela y en numerosos medios españoles. Tiene más de 27.000 seguidores en Twitter.

Mi pasión: mejorar cada día.


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El arte de la guerra

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He disfrutado mucho leyendo El arte de la guerra de Sun Tzu. Una obra eterna que, a pesar de que fue escrita sobre el siglo IV a.C., mantiene su plena actualidad. Es mucho más que un libro de estrategia, más que un tratado sobre la guerra, es una obra de sabiduría con un mensaje inmortal. Uno de los aspectos que destaca su autor en este libro es la necesidad de conocerse a uno mismo como la base de todo poder.

1) Para dominar a los otros primero hay que
avanzar en el camino del autoconocimiento. Sun Tzu nos dice con gran acierto: «Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.» En otro momento insiste en esta misma idea: «Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás. La invencibilidad está en uno mismo, la vulnerabilidad en el adversario.» 

2) Una de las características fundamentales de todo general es
la astucia, eso es lo que nos acerca a nuestros propósitos: «Cuando se conduce a los hombres a la batalla con astucia, el impulso es como rocas redondas que se precipitan montaña abajo: ésta es la fuerza que produce la victoria.»

3) Hay que
planificar nuestras acciones, anticiparse al adversario: «Los que anticipan, se preparan y llegan primero al campo de batalla y esperan al adversario están en posición descansada; los que llegan los últimos al campo de batalla, los que improvisan y entablan la lucha quedan agotados.»

4)
El orden y la calma son dos atributos básicos de todo buen líder: «Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse con los que se agitan, esto es dominar el corazón.» Ese orden debe estar en la mente de las personas y también en nuestra manera de vivir.

5) Los buenos generales están
comprometidos con el éxito y saben mantener la cabeza fría en situaciones difíciles: «se comprometen hasta la muerte, pero no se aferran a la esperanza de sobrevivir; actúan de acuerdo con los acontecimientos, en forma racional y realista, sin dejarse llevar por las emociones ni estar sujetos a quedar confundidos. Cuando ven una buena oportunidad, son como tigres, en caso contrario cierran sus puertas. Su acción y su no acción son cuestiones de estrategia, y no pueden ser complacidos ni enfadados.»

Es un libro breve, claro, con un profundo mensaje que os animo a leer.

Atraemos aquello que somos

Atraemos aquello que somos. Por eso una de las claves del éxito es creer en uno mismo, tener autoconfianza, saber lo que quieres e ir a por ello sin dudar.

La felicidad no es cuestión de suerte, sino una opción personal. Es cierto que si nacemos en un país subdesarrollado el camino para una vida plena es más difícil, está lleno de obstáculos. Pero en la sociedad rica en la que vivimos hay un acceso universal a la educación y a la sanidad que nos permite crecer como personas. Tenemos las oportunidades delante de nosotros, solo hay que ir a por ellas.

La clave para ser felices es el autoconocimiento. Si no sabemos lo que queremos, si no descubrimos nuestra pasión en la vida, nunca podremos crecer como personas. Ese conocimiento nos debe llevar a desarrollarnos plenamente.

Estar sano es mucho más que la ausencia de enfermedades graves, es estar en forma, alimentarse de manera correcta, no tener sobrepeso o adicciones como el tabaco. Nuestro cuerpo es un reflejo de lo que somos interiormente. Una salud óptima nos permite rendir mejor en todas las facetas de la vida, incluida la intelectual. Pocas cosas me han aportado más que el deporte. De la misma forma que leemos para cultivar la inteligencia debemos cuidar nuestro cuerpo como un templo sagrado.

Tener éxito profesional no consiste en ser el directivo millonario de una gran empresa. Se trata de hacer lo que nos gusta y disfrutar con ello. De sentirnos plenos e implicados en nuestra profesión. Trabajar en algo que te gusta es un privilegio. Para lograrlo antes tenemos que descubrir nuestra pasión laboral, aquello que más nos motiva.

Sin embargo, nunca seremos felices de verdad si no tenemos relaciones positivas con los demás. La vida es sobre todo nuestra relación con los otros. La amistad y la vida de pareja son dos aspectos centrales que muchos descuidan.

En realidad todo está conectado. El éxito en uno de estos tres pilares ayuda a los demás. De lo que se trata es de crear una sinergia positiva en tu vida que te ayude en el camino que nos lleva a encontrar esa felicidad que todos anhelamos.

La mayor fuerza emana del interior de las personas

La mayor fuerza surge del interior de las personas. No tiene nada que ver con nuestra posición social ni con tener dinero o fama. Surge de la autoconfianza, de la seguridad que nos da haber vencido al miedo. Cuando dejamos de temer al rechazo podemos ser fuertes, poderosos en un sentido profundo y duradero.

No existe el fracaso. Equivocarnos es una forma de aprender, un paso más en el aprendizaje que es la vida. Sin embargo, muchas personas no se atreven a luchar por su felicidad, a romper con los prejuicios sociales. Siguen al lado de personas tóxicas porque no se atreven a ser libres. Prefieren la mediocridad de lo conocido al abismo de lo desconocido. Nos aferramos a falsas seguridades. No aceptamos que todo es cambio, transformación y que nada es seguro excepto la muerte.

No tomamos el timón de nuestra vida, sino que dejamos que la corriente nos lleve sin saber hacia dónde queremos ir. Esperamos que las cosas maravillosas pasen sin hacer nada para que lleguen. La valentía que surge de esa fuerza nos da el poder sobre nuestro destino. Es algo intangible, pero que se percibe perfectamente. Es una energía especial que irradia del interior y que hace que los demás quieran estar cerca de quien la posee.

Hay que reírse del miedo, mirarle a la cara y darse cuenta de que solo es un obstáculo que nos impide crecer como personas. No debemos fijar nuestra atención siempre en los otros, sino mirar en nuestro interior. Allí es donde está esa fuerza interior de la que hablo. Todos la poseemos aunque la mayoría la ignore. Si logramos tenerla entonces estamos en el buen camino para conseguir una felicidad verdadera.


No somos conscientes de lo valioso que es cada segundo

La forma cómo vivimos el tiempo dice mucho sobre nosotros mismos. La mayoría nos dedicamos a pasar las horas. Por eso en nuestras sociedades el entretenimiento es tan importante. Huimos de la soledad a través del contacto con otras personas, de la familia o con distracciones de todo tipo. La soledad nos agobia y tratamos de escapar de ella cuando lo que deberíamos hacer es buscarla. Es una oportunidad para la reflexión.

No somos conscientes de lo extraordinariamente valioso que es cada segundo, de lo corta que es nuestra existencia. Y cómo no entendemos el valor del tiempo nos dedicamos a malgastarlo sin hacer nada útil. Esta me parece una de las tragedias más tristes. Morir después de haber llevado una vida estéril es uno de los peores destinos para cualquier persona.

No afrontamos la muerte. Ese es un tema que nos asusta. Preferimos no hablar de ella como si no existiera. La esquivamos, pero al hacerlo también evitamos comprender nuestra propia existencia. Si miráramos a la muerte a la cara su visión nos haría darnos cuenta de lo valiosa que es la vida. Y provocaría que nuestra forma de entender el tiempo cambiara de una manera radical y profunda.

Si eso pasara viviríamos con mucha más intensidad. Entonces cada segundo se volvería valioso y lo aprovecharíamos luchando contra la mediocridad, buscando siempre la excelencia en todo lo que hacemos.